Cuando fuimos a Carcassonne y nos recorrimos España dos veces

Hoy me ha recordado Facebook esta foto que me hice cuando fui a Carcassonne hace ya ocho años. Como veis, era una mujer pizpireta y aguerrida, la maternidad aún no había hecho mella en mí y miraba al futuro con optimismo.

Lo de los brazos en cruz es por el juego, no es que estuviera en plan "a qué huelen las nubes"
El plan era bastante bueno: iríamos en coche recorriendo toda la costa Sur de Francia con mi amiga María, durmiendo en hoteles baratos, de esos de por 40€ cama y desayuno para los tres, con paradas en sitios chachis como Cannes y la Costa Azul hasta llegar a Mónaco si era posible. Era una manera de desconectar un poquito porque llevaba una racha un poco mala, ya que en cosa de un año y poco habían muerto dos de mis abuelos y mi padre (in fact, mi padre lo había hecho solo un mes antes de esta foto).

Aquella noche nos fuimos a dormir tranquilamente y por la mañana me llama mi madre para decirme que había fallecido la abuela que me quedaba. Mi hermano no iba a poder ir al entierro porque estaba en China (de verdad, no es una manera de decir "estaba muy lejos") así que si era posible, sería bonito acercarme a mi pueblo (que para los que no os pasáis mucho por aquí, está en lo que viene a ser Extremadura). Total, que con el disgusto de la abuela decidimos acercarnos al entierro, que sería al día siguiente, y pensamos que tampoco sería un viaje tan largo. Ilusos.

Salimos al aparcamiento del hotel y nos encontramos con:
a) Una rueda pinchada.
b) No hablamos ni papa de francés.
c) Es agosto.
d) Tememos que nos den un palo por la combinación de los tres factores anteriores.

Buscamos en Google cómo se dice rueda en francés y descubrimos que se escribe pneu. Total, que nos plantamos en el taller y le decimos al mecánico, con nuestra mejor sonrisa, "le pneu pfffffff" haciendo el gestito de un globo al que se le escapa el aire y vuela como loco.

Creo que el mecánico aún se está riendo de nosotros.

Por suerte, nos entendió y nos cobró menos de 20 euros por reparar la avería. Empezamos el viaje de 1.200 km (por suerte paramos a dormir en Madrid) en el que fui la mitad del rato hablando por teléfono en un francés inventado con los hoteles que había reservado para que no me cobraran la pasta porque ya no nos daba tiempo a llegar ni siquiera al segundo ni de Blas.



Al final llegué a tiempo del entierro de mi abuela y cambiamos la ruta por la Costa Azul por unos días la zona de Gerona viendo pueblos bonitos y playas tranquilas (después de hacernos otros 1.000 km más porque somos unos campeones). Qué de horas pasamos dándole la turra a María en el coche aquel verano.

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