No es que me pierda, es que la aventura me persigue

La semana pasada estuve en Zaragoza dando una conferencia en la que hablaba de mi libro. No, de ese libro no, de lo otro que hago para ganarme la vida. El caso es que Sara me dijo que me venía a buscar a la estación con unas instrucciones muy precisas: "Te bajas del tren, bajas las escaleras que ves en el andén y ahí abajo te espero". Parece fácil NO perderse, ¿no?


El caso es que salí del tren tan feliz como una lombriz, dejando atrás el caos en Alcorcón.

Dramatización
Y veo que en esas escaleras que me había dicho Sara no ponía Sara ni nada parecido. Ponía "aquí comemos chicas bajitas" "estación de autobuses". Y entonces mi cerebro empezó a CREAR. Mi cerebro me dijo que era imposible que Sara estuviera ahí así que me puse a buscar una manera normal de llegar al parking.

Total, que llego al parking, me doy tres o cuatro vueltas sin encontrar a mi amiga (obvio) y me llama, que cómo es posible que me haya perdido. Menos mal que salí a un descampado la superficie y después de dar un par de vueltas encontré su coche en un periquete.

De los dos tramos de escaleras que subí acarreando veinte ejemplares de mi libro no os voy a hablar porque ahora tengo los brazos como Popeye.

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