Probablemente la última aventura del Patchmóvil

El Patchmóvil es el vehículo que me acompaña en casi todas mis aventuras desde un par de meses antes de abrir este blog. Con él he conocido a gente pintoresca, como el busero con el que entablé amistad recorriendo un barrio que por aquel entonces estaba vacío, he hecho esas gestiones de las que no se escapa nadie y he recorrido la geografía española siempre en buena compañía (a veces incluso metafóricamente).

Hoy lo he encendido para ir a rehabilitación como todos los días desde hace seis meses salvar el mundo y me he encontrado con que sí arrancaba pero lo hacía muy despacio, tomándose su tiempo. No me he preocupado porque yo no soy muy de preocuparme por coches, me preocupa más la paz mundial o que el #herederochiquitito no coma cosas que no pueda tragar o que sean venenosas y he seguido mi camino.

A mitad de camino, ha empezado a oler a quemado. Tampoco me he preocupado porque estamos en verano y las carreteras están llenas de peligrosos pirómanos que hacen cosas pirómanas y he seguido mi camino. Al llegar, he hecho eso que tanta paz nos da a los ignorantes que es abrir el capó y ver qué hay ahí debajo. He echado un poco de aceite porque he pensado que ya le tocaba y he visto un depósito nuevo que ponía que el líquido estaba al mínimo. Como soy una chica lista he mirado en las instrucciones del coche y he visto que el depósito ese corresponde al líquido anticongelante, que he procedido a comprar y a poner (después de una discusión con el tipo de la tienda explicándole que mi anticongelante no era rosa sino amarillo y que por qué se empeñaba en venderme uno rosa y qué pesadas somos las chicas con los colores).

Luego me he rehabilitado y a la vuelta, al subir una cuesta, ha vuelto a oler a quemado, circunstancia que ha aprovechado el patchmóvil para ponerse a 60 km/hora y a reírse por lo bajini. No le he dado importancia porque mi coche no es de correr mucho y en fin tampoco tenía mucha prisa. Lo malo ha sido cuando ha bajado a 40, luego a 30, luego a 20 y por último solo avanzaba por inercia.

Así que me he pasado un buen rato esperando a la grúa debajo de un alcornoque desde el que he hecho fotos chulas como esta:

¡Te echaré de menos, amigo!
Me han dicho que es probable que sea el embrague y estoy en ese momento de mi vida en el que tengo que abrazar la realidad y la realidad es que necesito un coche de madre y no un súper molón Patchmóvil. Ya no tendré tanto índice de molonidad pero al final seguro que los herederos me lo agradecen. Y los nerviosos de la M40 que me pitaban al subir cuestas a duras penas también.

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COMENTARIOS

3 han mejorado su vida sexual:

  1. ¿¿Qué me cuentas??
    Hombre, para ser sincera, yo que he montado un par de veces en tus súper patchmovil... no sonaba del todo bien.
    Y bueno, alegrate de que te haya pasado a ti sola y no con los herederos dentro.
    Se lo que es cambiar de coche por pura necesidad, lo malo es que como el nuevo es más mejor que el otro... se te olvida pronto la pena, o al menos así me pasó a mi.
    Yo te veo perfectamente con el nuevo Renault Captur... en naranja a poder ser. Piénsalo.

    Si haces entierro avisa por favor.

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  2. ohhh, bueno, me alegra haberlo conocido :(

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  3. Nosotros antes de tener a nuestra enana teníamos un Clio y un Ibiza. Al nacer decidimos vender el Ibiza y hacernos con un C4, familiar 100%. Y al poco por un accidente nos quedamos sin el Clio con lo que nos planteamos comprar otro familiar de segunda mano y a ser posible el más barato que encontrásemos... y ahi entró en nuestras vidas el coche más fe que jamás ha recorrido las carreteras de este país. Un Ford fusión color natillas (aunque el del concesionario lo llamase color champagne). Feo a más no poder, pero cumple su función y es un poco más pequeño que el C4

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