El día que perdí la dignidad en una resonancia magnética

No quiero escribir muchos posts deprimentes sobre que no sé cuándo volveré a andar sin muletas pero no podía dejar de compartir mis aventuras en la resonancia magnética que me hicieron la semana pasada y que es de mucha risa como es habitual por aquí. El caso es que llegué con la hora un poco pillada a la resonancia y cuando por fin encuentro dónde las hacen, sale una enfermera gigante, rubia, gritando:

Enfermera rubia gigante: ¡Patricia Tablado! ¿Está por aquí Patricia Tablado?
Patch indefensa con muletas: Sí, soy yo, perdona, he llegado un poco pillada de tiempo.
ERG: No te preocupes, dime, ¿cuánto pesas?
PICM: Ejem, ¿es necesario? Es que hace mucho que no me peso.
ERG: Que me digas cuanto pesas.
PICM: Hum, no sé, taitantos...
ERG: ¿Taicuántos?
PICM: Es que hace mucho que no me peso.
ERG: Te he preguntado cuánto pesas.
PICM: Creo que tayuno.
ERG: ¡Patricia Tablado, que pesa tayún kilos, pasa a la resonancia! Vete desnudándote, quítate toda la ropa menos las bragas, ahí tienes tu cabina.
PICM: Eh, que no hace falta gritar a voces mi peso.
ERG: ¡Venga, que no lo ha escuchado nadie!

En ese momento me giré hacia la sala de espera, llena de gente que tenía cita para hacerse una ecografía, y vi a una señora moviendo afirmativamente la cabeza: "Es verdad, no hemos oído que pesas tayún kilos".

Pensé que no podía sentirme peor, así que fui a la cabina, me quité toda la ropa menos las bragas y me dirigí hacia la cabina mientras volvía a oír a la enfermera vocear mi peso MIENTRAS ESTABA POTENCIALMENTE EN BOLAS, con una bata de esas que no se cierran por el culo.

Hace más frío que en la comunión de Pingu, así que necesitamos que estés en bolas
Me tumbaron en la máquina de resonancias y no podía dejar de pensar en Nacho Mirás y de preguntarme si yo también escucharía una música salir de ese aparato*. Antes de darme unos cascos para que no me atronaran, me advirtieron que no podía moverme en absoluto y me dieron una pera que por lo visto era un timbre pero que no podía tener en las manos porque hay gente que las presiona sin darse cuenta por la emoción del momento.

Estaba yo preguntándome si esta vez me iba a dormir (la primera vez me quedé frita a los cinco minutos de empezar) cuando empiezo a notar que me SUPERPICA la nariz. Tenía que estornudar. O sonarme los mocos. O morir. Pero claro, cualquiera de esas opciones habrían anulado la prueba y no podía desperdiciar una cita que me dieron hace cuatro meses, ¿verdad?

En un alarde de heroísmo, controlé el estornudo, los bostezos y toda una serie de movimientos involuntarios que mi cuerpo decidió hacer cuando estaba sumergida hasta la cintura en ese mamotreto de Philips. Por supuesto, para rematar la faena, me dieron muchas ganas de ir al baño.

Esa prenda que favorece a niños, mayores y maniquíes

Cuando me sacaron de ahí yo solo pensaba en irme rápida a mi cabina, vestirme y visitar al señor Roca. Al salir (cojeando porque no me dejaron las muletas) me topé con un señor en gayumbos cuyo peso eran taysiete kilos. Entré en la cabina, cerré la puerta... y vi que lo que había dentro era la ropa del señor de los gayumbos. Salí de nuevo y busqué a la enfermera que ya se había encerrado en la SALA MÁGICA ANTIRRADIACIONES. Por suerte comprendió mi problema y me indicó dónde estaba la cabina sin cacarear mi peso de nuevo.

Al salir pregunté en información que dónde había un baño y el hombre me miró con pena. Me explicó que el baño de ecografías estaba averiado y que tendría que ir al baño antiguo, que estaba al final del pasillo, bastante lejos. Después de recorrerme la Comarca, el Camino de Santiago, Ikea y el parking de Islazul, por fin llegué a los baños que eran como de peli de la posguerra.

Azulejos verdes rotos, un suelo encharcado con algo indefinido y con ruidos raros me acogieron mientras me preguntaba si había acertado con el baño de chicas porque tenía tantas prisas que me metí en el primer sitio que vi. Cuando acabé mis aguas menores fui a tirar de la cisterna y me topé con que también era antigua. Tan antigua que la cadena, que pendía casi desde el techo, se acababa como un metro por encima de mi cabeza. Mis alternativas eran irme como si ahí no hubiera pasado nada o trepar como un mono con mi pie roto encima de la taza para atrapar la cadena y bajarme sin caerme. Es evidente la opción que usé, ¿no?

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*No escuché música pero podía oír a la máquina cómo decía pollapollapolla que siempre da mucha risa aunque no puedas moverte para reír.

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COMENTARIOS

10 han mejorado su vida sexual:

  1. No, nunca nunca te subas de pié a un retrete. Bajo ningún concepto. En serio. Me lo explicó una amiga del instituto, que lo hizo de pequeña y se partió. Le cortó músculo y tendones, lleva unas 15 operaciones en la pierna a lo largo de su vida y desde el primer momento perdió la movilidad y sensibilidad de la pierna.

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    1. Madre mía, qué susto. No, después de esto no se me ocurre volver a hacerlo. (Bueno, ahora mismo no estoy para subirme a nada, en general)

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  2. Yo perdí mi dignidad hospitalaria el día que fui al cardiólogo y me estaba allí haciendo un electronosecualo y cuando estaba allí con las mamellas a paseo vinieron 4 señores con traje a invitarlo a un Congreso y te pasaron 10 minutos de alegre charleta conmigo allí. Y no tuvieron ni la decencia de regalarme un boli, o un pin, o invitarme al interesante Congreso.

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    1. Sí, con el cardiólogo también me he dado algún rato de estriptís pero nada comparable con los ginecólogos y médicos derivados de la maternidad.

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  3. Yo perdí mi dignidad en un ascensor postcomunista, pero esto es mucho más divertido! A ver, siento que tuvieras que pasar por eso, pero lo cuentas con mucha gracia.
    Por cierto, ¿ese lavabo no sería búlgaro?

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    1. Búlgaro no sé, pero soviético es un adjetivo poco utilizado y que me pudo venir a la mente. Cumplía con su objetivo? Sí. ¿Metería a mis hijos en ese baño? Más bien no.

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  4. me estaba riendo mucho (empáticamente, por supuesto) cuando llegué al comentario de Alkar y ahora estoy asustada, la de veces que he subido a waters! (no preguntes por qué)

    nunca mais ò.ó

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    1. A mí también me ha dejado seca. Como mido metro y medio me paso la vida literalmente subiéndome en todo lo que puedo para llegar a sitios

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  5. Me he divertido muchísimo con tu post Patricia, me encanta cómo le has dado la vuelta a una situación tan bueno, no sé si traumática o humilliante serían palabras correctas porque en realidad no lo es, tú has hecho que no lo sea. Este tipo de cosas, cuando estás ahí ya tienes que hacer de tripas corazón, tirar pa'lante sin vergüenza ninguna y punto. Ah, y geniales las referencias frikis, jeje.

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    1. Nah si en el fondo según me pasaba iba pensando cómo lo iba a contar

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