Cómo visitar urgencias huyendo de los contagios

Hospital de la Cruz Roja de Vigo
Imagen de Contando Estrelas en Flickr
La semana pasada tuve un pequeño susto que me llevó a urgencias. No voy a entrar en detalles de mi historial médico porque ya sabéis que no soy mucho de explayarme en cosas privadas por aquí, pero bastará con que sepáis que lo que tenía no era muy grave y, sobre todo, no era contagioso.

Creo que hacía años que no iba a urgencias por algo mío, por lo que hasta el domingo pasado no tenía muy claro qué pinta tenía una sala de urgencias por dentro pero, para los que no hayáis ido hace tiempo como me pasaba a mí os haré un resumen: las salas de urgencias son deprimentes. Lo mejor fue que una enfermera había tenido a bien ponerme una pulserita con mi nombre y mi fecha de nacimiento por si se me olvidaba. Por suerte también apunté la dirección de mi blog porque nunca sabes quién te va a mirar las pulseras y tener un blog desde 2004 pues como que da mucha caché. Estuve por apuntarme también mi talla de zapatos (una 35) ya que se aproximan las navidades y a lo mejor a alguien se le ocurría hacerme un regalito espontáneo de los de “recupérate pronto”.

Como lo mío no era mega grave ni mega urgente pasé unas dos horas ahí esperando a que llegara mi turno, y durante ese tiempo jugué a lo que podríamos denominar “huye del apestado”. No me entendáis mal, no es que odie a los apestados, para mí merecen el mismo respeto los que padecen la peste bubónica que los leprosos, los que tienen la gripe aviar o los visigodos pero no me vais a ver compartiendo con ellos chupa chups ni sugus que las babas las carga el diablo.

¡Patch, dame un abrazo, si no estoy tan enferma!
 Puede que os parezca una cosa fácil, pero entended que era mi primera vez en hacer una clasificación de enfermos a partir de un juicio visual. A la primera que vi fue a una adolescente que no podía ni abrir los ojos, estaba en un rincón y de vez en cuando soltaba ays como si la estuvieran llevando a la tumba. No pude decidir si era contagiosa o no pero me dieron mal rollo sus gemidos, así que me acerqué a otra zona con más jolgorio.

Anda, Patch, adóptame, mírame qué mono soy
Un poco más allá había un viejuno con unas toses sospechosas, tanto que se lo llevaron al poco rato. A ese tampoco me acerqué, pese a que los viejunos son mi especialidad. También había un par de chicos esposados que gritaban que no se habían tragado la droga. Evidentemente lo suyo no era contagioso (al menos habían tenido buen gusto para no comer cosas venenosas) pero no me sentía con fuerzas para estar cerca de dos detenidos no fuera a tomarles cariño y me viera obligada a llevarles a la cárcel pasteles rellenos de limas.

Al final acabé encajando entre un chico con el brazo en cabestrillo y una viejuna en silla de ruedas que tuvo que pedir una sábana para taparse porque había salido de casa con una falda demasiado corta para su gusto (a mi entender la falda estaba bien, pero tampoco quise entrar a discutir).

En resumen: las salas de espera de urgencias son el mal. En resumen sub 2: no dejéis a los viejunos solitos esperando dentro que se ponen muy nerviosos.

Share this:

,

COMENTARIOS

1 han mejorado su vida sexual:

  1. Al lado de esa Cruz Roja nací yo :) Y no, no es broma, mi madre estuvo ingresada de mi en la habitación que corresponde a la ventana izquierda.

    ¡¡Qué cosas!!

    ResponderEliminar

Comentar mejorará tu vida sexual.