El Fujur de Schrödinger

Muchos de vosotros estáis de vacaciones y como yo tele-trabajo me he tele-transportado al pueblo a ver si la naturaleza extremeña me inspira (nota para los posibles golfos apandeadores que puedan pensar que la patchcueva se encuentra en barra libre: las dos cosas valiosas que había dentro me las he llevado conmigo, esto es, el gato y el ordenador, así que no vale la pena intentar entrar a robar). Mi pueblo se encuentra a 300 km de Madrid, así que he tenido que hacerle un M.A. Barrakus a Fujur para meterle en un despiste el el transportín (mentira, se agarraba con sus garritas a cualquier saliente que hubiera en el camino para evitar el momento de partir) y lo he metido en el coche para el viaje.

A la altura del Km 120, el coche ha empezado a pedir de beber y hemos tenido que pararnos y en un arranque de inspiración:

Madre de Patch contenta por la excursión pero angustiada por el llanto gatuno: ¿Por qué no dejas a Fujur suelto por el habitáculo del coche para que esté más contento y se pueda mover? Baja un poco las ventanillas para que no se asfixie pero que no se escape.

A mí me ha parecido una idea genial, ya que Fujur nos ha hecho una serenata non stop de sus maullidos más lastimeros, y está bien vengarse de sus ansias ordenaderófobas pero tampoco hay que pasarse. Así pues, le he soltado por el coche y nos hemos ido a tomarnos un refrigerio.

Cuando hemos vuelto, no éramos capaces de encontrar a mi mascota hasta que de repente:


¡Se había metido debajo del asiento del copiloto!

Hemos estado 20 minutos intentando sacarlo de ahí pero ha usado sus malvados poderes de gatito de velcro, por lo que era indespegable de la moqueta esa que hay en el suelo de todos los coches. Desesperada, no he tenido más remedio de volver a ponerme en marcha y hacer los restantes 180 km con el gato suelto por el habitáculo del coche aunque como era de esperar ha sido imposible que se moviera de ahí.

Como mucho, si le llamábamos por su nombre nos respondía con un miau de lo más lastimero (o tal vez estaba amenazándonos de muerte, vete tú a saber, que los gatos son muy suyos para las amenazas). De vez en cuando, mi madre le tocaba a ver si seguía vivo o le había dado un chungo debido al calor y a las formas de vida inteligente que se alojan bajo todos los asientos de coche.

Por supuesto, también ha sido imposible sacarlo una vez hemos llegado a nuestro destino, así que hemos pasado dos amenas horas moviendo el asiento adelante y detrás y pensando si habría algún mecánico disponible que tuviera humor para desmontarlo y poder rescatar a mi amada mascota. Por suerte la llave no ha llegado al tornillo (chungas metáforas de mecánicos, ese género tan por explorar) y hemos conseguido sacarle sin muchas secuelas físicas (de las psíquicas le habrá quedado alguna, seguro que ahora será más difícil convencerle para que vuelva a casa en un coche).

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COMENTARIOS

6 han mejorado su vida sexual:

  1. Error de principiante, querida. El gato no debe salir del habitáculo del transportín para evitar este tipo de cosas, que se pueden volver más peligrosas en marcha. Aún me acuerdo de que al mío le dábamos suficiente pastillita de la felicidad como para que al completar el viaje se moviese como un pato borracho.

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  2. Servidora y los padres y hermano de servidora también cometimos el mismo error en el viaje más largo que hicimos con la gata (unos 150 km)
    Llegó un punto en que sus maullidos atenazaron los nervios del conductor (mi padre) y nos dijo que la dejáramos suelta. Craso error, a punto estuvimos de darnos una hostia porque a la gata se le ocurrió meterse bajo los pedales del coche.
    Y eso que estaba empastillada.
    Nunca más se nos ocurrió sacarla de paseo (bueno, sí, pero esa otra vez casi se cae a las brasas de la barbacoa, y ahí sí que dijimos que hasta ahí habíamos llegado)

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  3. Seguro que maquinaba alguan cosa malvadamente gatuna.

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  4. Craso error, a punto estuvimos de darnos una hostia porque a la gata se le ocurrió meterse bajo los pedales del coche.

    Y eeeeso es lo mismo que le pasó a mi maestro el mismo día que les regalaron un gato a sus hijos.

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  5. A mí me pasó eso un día al principio de tenerlo. Como decía, la idea era volver a meterlo en el transportín para que estuviera atado durante la marcha. Por suerte no se movió de debajo del asiento en todo el resto del viaje.

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