Mi abuela Nana

Mi abuela se llamaba Damiana, pero cuando yo era pequeña la llamaba Nana. La verdad es que siempre he sido una niña afortunada en abuelas, porque en vez de tener dos como todos los demás yo tenía tres ¡toma ya! Tres abuelas diciéndome lo guapa y lo lista que era y mimándome.

Mi abuela era poeta, escribió dos libros y en el primero de ellos había hasta una poesía dedicada a mí. Porque mi abuela era así: se le cruzaba cualquier tema y se ponía a escribir con un lápiz, con un boli, con lo que pillara ... y por supuesto luego nos pillaba a los nietos para que le pasáramos las poesías a máquina, una Olivetti verde de esas en las que se te cuelan los dedos si no aciertas en la tecla. Yo creo que las primeras cosas que escribí en serio fueron con esa máquina, a hurtadillas, porque los niños teníamos que aprender primero a escribir a mano para tener una letra bonita.

Mi abuela hacía ganchillo. Cualquier cosa que se te pasara por la cabeza te la hacía de ganchillo, o te la bordaba, o lo que hiciera falta. Yo creo que desde que yo nací ya tenía problemas en las piernas, la reuma por la "muación", decia. Así que se pasaba las tardes enganchada a una aguja, y casi siempre acompañada porque mi abuela tenía cientos de amigas que iban a su casa o a coser con ella o simplemente a charlar. La verdad es que había mucha gente que quería a mi abuela.

Mi abuela tenía en su salón enmarcado mi título de periodismo. No se podía estar más orgullosa que ella el día que me convertí en la primera licenciada de la familia. ¡Y qué decir de cuando me vio en la televisión enganchada a un micrófono!

Mi abuela me dejó ayer por la noche y me doy cuenta de que jamás os podré explicar todo lo que significaba para mí.

(Dejo cerrados los comentarios aposta, aceptaré mails pero hoy no estoy para coleccionar una ristra de comentarios).

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