Enamorado me he

Ayer hice un viaje alucinante. No, no me equivoqué de tren y acabé en Amsterdam comiendo setas divertidas. Me monté en el tren que me correspondía (os lo prometo, estoy en una paranoia trenil de la que no sé cómo salir: tengo la sensación de que un día de estos voy a acabar en Pernambuco, Brasil) y aterricé en Heidelberg. ¿Qué sabía de Heidelberg antes de ir? Que ahí habían aparecido los restos homínidos europeos más antiguos antes de Atapuerca, que es la ciudad donde se gestó el romanticismo alemán (recordad niños: romanticismo es suicidarte cuando te dan calabazas y no mola nada) y que era la cuna de Bundsen, el del mechero (no, no el de la Sole).


Hacía un tiempo de perros (desde que salí de Múnich no ha parado de llover) y estaba yo toda mierdeada pensando quién cuernos me mandaría salir de la patchcueva. Eché a andar cada vez más enfadada cuando de repente dejó de llover, salió el sol y me encontré con la ciudad más bonita que he visto en este país.

Así pues: id a Heidelberg, es preciosa, mola dos puñaos, ligué con tres alemanes distintos y además descubrí el té con sabor a cereza y plátano. ¿Qué más se puede pedir? (Sí, haber ido bien acompañada, pero bueno estos son los problemas de la falta de carisma).

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COMENTARIOS

4 han mejorado su vida sexual:

  1. no será por carisma que no vas acompañada... que te sobra carisma a raudales!

    SithWolf

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  2. pues sí es molona la ciudad esta, parece el castillo de playmobil :D

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  3. Y eso que no has ido a Heidelberg en la noche que hacen fuegos artificiales en el castillo!!!es una pasada!!!

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  4. Jo, Lou, es que si lo veo con fuegos artificales me quedo allí a vivir...

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