Ven al parque

El sábado estuve en el parque de atracciones con los del tajo (tres plumillas y dos productoras, dónde vamos a parar) y descubrí una verdad de la vida de esas que, si no te golpean en la cara, no te das cuenta: me estoy haciendo mayor, irremediablemente mayor. No es sólo que el parque estuviera lleno de Yenis y Yonis (de Leganés profundo, con perdón para el resto de la Costa Marrón) que, con catorce años ya tuvieran más piercings (todos el mismo modelo, uno a la izquierda debajo de la boca y otro a la derecha encima de la boca y de oro siempre) y más tatuajes de los que a mí me caben en el cuerpo; fue más bien el conjunto de todo: la juventud, la chicha al aire, los maquillajes imposibles incluso para mi época de Yeni…


Qué risas cuando le das al de atrás con la mano...
(Basado en hechos reales: en mi última visita al parque de atracciones volví con un ojo morado)

Pero lo que nos acabó de matar fue conocer a C. (Si alguna vez lees esto, C, que sepas que mi respeto y mi admiración son parejos). C tiene once años para doce y tuvo la desfachatez de decirnos que tenía “casi catorce” (juventud, divino tesoro: yo tenía su edad el año de la Expo, no os digo na) y le molaban dos rubitos que había en la cola (ellos tenían trece años, según nos dijo su amiga) pero no era capaz de hablarles aunque "le estaban mirando lo de las mujeres" (sic). Cada vez que pasaban por su lado, esta muchachilla se ponía supernerviosa, bajaba la cabeza y decía que es que quería ponerse el pelo bien (debió de acabar con tortícolis, con las risas) y es que su drama era que su amiga había tenido cinco novios en lo que va de año y ella sólo dos (las comparaciones son odiosas, no nos vamos a poner ahora a contar cuántos novios he tenido en este año o en lo que llevo de blog, ¿no?)

Al final C nos puso tan nerviosos por su indecisión a la hora de entrarles a los muchachillos que Naia (dime si quieres permanecer en el economato, maja) tuvo que tomar cartas en el asunto y asesorarla para ligar. ¿El resultado? C consiguió el teléfono de ambos (no se podía decidir por uno, ya sabéis cómo son estas cosas) que aprovecharon para colarse mientras le daban el número. Luego resultó que estaban con sus respectivas madres (normal a esas edades).

Yo no sé vosotros, pero cuando yo tenía once años (para doce) me interesaba todo excepto apretarme rubios (que no digo yo que no esté bien, sólo que hay un momento para todo, n’est pas?)

Alucinada me hallo aún.



Por cierto: hubo visita al Viejo Caserón alias Casa del Terror. Eso es que une mucho a los amigos que van juntos al parque, al final no sabes quién fue quien te tocó una pera, si tu amigo de detrás o el hombrecillo desconocido que te chilló en la oreja cuando salió la niña del Exorcista.

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COMENTARIOS

6 han mejorado su vida sexual:

  1. En efecto.... te haces mayor... tendrás que aumentar tu frescosidad para poder ponerte a la altura de las nuevas generaciones...

    Así que ya sabes a leer más la revista nuevo Vale!

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  2. proponte pasar por niña de 11 años, así podrías ser la competencia para esas apreta-rubios (de bote, desteñidos o auténticos?)
    nunca me gustó el parque de atracciones, igs, pero vamos, porque soy una cagueta de todo lo que tenga mucha altura.

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  3. Solo confirmarte desde el lado masculino de la vida, que mis onceparadoce años también resultaron la mar de insulsos en lo sentimental.
    Además, a esa edad en mi parte de la costa marrón no había niños rubios de bote.

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  4. Tengo que hacerme de un partido político serio para poder arrimarme al poder. Con esta caterva que está incubando ahora la edad del pavo cuando yo tenga 40 años conseguiría que me votase hasta el Tato y luego los sometería a un suculento programa de fascismo-guay.

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  5. 1. ¿Por qué no le pidió el teléfono a la madre? Ya puestos...
    2. Si soy el padre del niño le doy una leche por McCoy y hortera de feria cual protagonista de los "Coches Chocones".
    3. ¿No está prohibido perforar (piercing) a menores de edad?
    4. ¿Son los padres tan imbéciles como para pensar que sus hijas con esos ropajes no son unas golfas?
    5. ¿Te dejaron subir solita a las atracciones? ¿No te obligaron a enseñar un permiso de tus padres...?

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  6. Tengo muchas ganas de volver al parque de atracciones. Aunque el recuerdo que tengo de la casa del terror es que salí con los hombros sangrando (de las leches que me metí contra las paredes mientras corría huyendo de los monstruos).
    Y de los yonis y yenis doceañeros, te sorprenderías. Yo no me asusto porque lo veo a diario, pero es de traca.

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