Enséñame la patita por debajo de la puerta

lobo
¡Me lo pido para mi cumple!

He decidido poner una cadena en la puerta de la patchcueva antes de que vengan los malos a allanar mi morada. Y es que el sábado por mi mala cabeza (vale, y también porque no llego a mirar por la mirilla) llegaron a mi umbral dos hombrecillos que menos mal que venían con buenas intenciones, porque si no, habrían entrado hasta el fondo.

El primero de ellos vino por la mañana mientras limpiaba mi casita (como la Ratita Presumida). Llaman a la puerta:

Yo: ¿Quién es?
Hombrecillo 1: ñlkdfkdjbfkd- por lo tanto, abro la puerta (sí, sé lo que pensáis: que mi madre no me contó las veces suficientes el cuento de las siete cabritillas y el lobo).
Hombrecillo 1: Quería hablar con la señora de la casa.
Yo (llenísima de orgullo): Pues soy yo.
Hombrecillo 1: ¿No eres un poco joven para ser la señora de la casa?

El Hombrecillo 1 era un vendedor a domicilio que, no hace falta decirlo, se fue de mi habitáculo sin vender nada.

Al segundo hombrecillo le abrí sin preguntar, pero entendedme: se acababan de pirar Luz, Antonio el Oso y Chandler y pensé que se les había olvidado algo. Además eran las tres y media de la mañana. El Hombrecillo 2 quería agua. Dos vasos concretamente. No sé si es vecino mío porque no conozco aún a mis vecinos.

Y sí, sigo queriendo que me pasen cosas normales.

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COMENTARIOS

3 han mejorado su vida sexual:

  1. Oooops, es cierto, saliendo de la patchcueva nos encontramos en la escalera con un julai sospechoso, por lo que te recomendaria seguir el curso "Defensa personal para gente con encanto y dulzura en la mirada" que te podria venir bien.

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  2. Muy cierto, nos lo cruzamos por la escalera, y como diría Nadia Comaneci, tenía "una pinta regulera".
    Aprovechando la reforma, ¿por qué no haces otra mirilla en la puerta, más a tu altura? Eso, o el Unagi.

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  3. Juas, pero mujer, ¡cómo se te ocurre! Me da miedo sólo de leerte. Yo es que soy más desconfiada que una vieja con un bolso, y nunca, jamás jamás abro la puerta sin mirar antes. Y la de veces que ni abro... Que hay mucho bicho suelto por el mundo, cuidadito.

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