Happy Feet: poseídos por la aburrición

El otro día me poseyó el espíritu de las Navidades pasadas y acabé en el cine con dos gremlins (de cinco y tres años) viendo Happy Feet. Niños: no vayáis a verla. Gastáos los seis leurus del cine en otras cosas, como un roscón de reyes, una caja de preservativos o cientos de piruletas. Pero no vayáis a ver Happy Feet. Y menos con gremlins.

La peli dura dos horas que se hacen eternas y que jamás volverán a vuestra vida. El argumento es una colonia de pingüinos que para aparearse tienen que cantar, en la que nace un pingüino que no canta pero que baila claqué (por mucho que en la película insistan en llamarlo hiphop). Muchas canciones (sobre todo jipjoperas) y se supone que muchos famosos (en la versión española creo que sale mogollón de Latre) doblando el asunto. Y un mensaje ecologista de "cuida el medio ambiente porque si no los pingüinos se quedarán sin comida". Por no hablar del mensaje de integración sobre pingüinos con acento sudamericano (que podía haber sido argentino, ya que allí sí que hay).

A mí concretamente me generó ansiedad de encontrar pareja y de cantar (ambas cosas que se me dan francamente bien, como todo el mundo sabe; sobre todo cantar).

Ni que decir tiene que a partir de la primera hora ya empiezas a ver cómo los gremlins se mueven en sus asientos ansiosos por salir o por ponerse a bailar claqué (juventud, divino tesoro).

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COMENTARIOS

3 han mejorado su vida sexual:

  1. ¿Gremlins bailando claqué? ¡¡¡¡¡Nooooooooooooooooo!!!!!

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  2. Hip-hop o claqué? That´s the question...

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