Corre, Patch, corre

Esta mañana me he levantado tempranito (una vez más, no es que sea una vaga solemne, es que curro en turno de tarde, lo que me permitiría levantarme a las 2 de la tarde si quisiera y aún así llegar pronto al tajo) y he decidido que hoy puede ser un gran día para correr.

Me he puesto mi chándal de los domingos (de lentejuelas, con las palabras "Visita la Patchcueva" bordadas en color fucsia, y me he ido a correr. Bueno, más o menos. Me he cogido un bus hasta el sitio donde quería empezar a correr. Y me he encaminado a las calles más deshabitadas de mi barrio (vivo en una zona que antaño era industrial, así que a poco que camines llegas a la zona de fábricas unas abandonadas y otras no, vamos que no pasa la gente) y me he dispuesto a correr. Cuesta abajo.

Lo bueno de correr cuesta abajo es que te cansas menos (y cuando se tiene la forma física de un coral (no, no es una figura poética: los corales son esos animales que no se mueven, de hecho hay quien duda de que sean animales y no plantas) pues es toda una ventaja), y como estaba casi sola en la calle, cuando veía que iba a morir, me ponía a fingir que estaba haciendo los estiramientos (en un bordillo, no os penséis que levantaba más la pierna, son las ventajas de ser pequeña). Lo malo es cuando los perros que estaba paseando un viejuno sin correa se han puesto a perseguirme, pero les he ganado y sólo ha quedado un poco perjudicado la zona perneril de las lentejuelas.

Lo mejor ha sido mi llegada a casa, en la que he tenido que saltar por todos los puestajos que hay en la puerta del metro cercana a mi hogar y esquivar a dos viejunas que discutían con un gitano si el golfil (como se diga) es güeno, ja paya, que es mu güeno!

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