Las viejunas deben ser erradicadas del transporte público

Me gustaría contaros una historia tierna y llena de bondad, pero ¡ay! amiguitos. El mundo está lleno de gente que intenta ayudar a otra gente, aunque para ello tengan que fracturar algunos huesos o amputar algunos miembros. En primer lugar, quería puntualizar que esta historia está basada en hechos reales y que Trotty la puede corroborar, porque fue testigo telefónico de los escalofriantes acontecimientos que paso a relatar.

Estaba yo montada en un bus de esos tan majos que patrocina nuestro alcalde, ya que nos ha dejado sin metro (te deseo miles de almorranas que te impidan sentarte, por lo que tengas que ir a trabajar de pie en un autobús de esos, Gallar) y no cabía ni un alfiler. De hecho, me había apostado conmigo misma a que no iba a parar en donde estaba yo, aunque ya llevaba veinte minutos esperando. Pues total, que me subí a ese bus, todo petado de gente, cuando me llama Trotty al móvil (siempre con fines malignos, ya sabéis que quiero conquistar el mundo y no pienso dar un paso en falso). Me pongo a hablar tranquilamente, aunque no iba agarrada (¿para qué, si no me podía mover aunque quisiera?) cuando de repente, una viejuna se pone a gritarme en el oído que no se puede hablar por teléfono mientras vas en autobús, que soy un peligro público y que no sabe cómo me dejan salir de casa. Vale, respiro hondo. Noto como las ganas de matar humanos aumentan poco a poco, pero en vista de que la envergadura de la viejuna es superior a la mía (a poco), cuelgo el teléfono y me quedo mirando el sobaco que tengo delante.

Llegamos a la parada. Se baja mogollón de gente con lo que ya puedo agarrarme a algo y me quedo en mi sitio poniendo cara de paisaje. Siguiente parada, la viejuna me agarra cuan si fuera un melón y me arroja contra el conductor, mientras grita ¡¡te va a pillar la puerta, te puede cortar un brazo, y luego denunciarás al conductor, y vendrá el llanto y el rechinar de dientes!! (bueno, más o menos, me estaba arrojando contra una superficie dura, tampoco estaba muy atenta). Total, que por una vez contesté a la viejuna que ya me tenía calentita, y me puse a decirle que si se pensaba que era la primera vez que me montaba en un autobús, que qué problema tenía conmigo y que si no le importaba hablarme más bajo, que no estaba sorda. Total, que la viejuna se puso a comentar con otra viejuna lo maleducada que estaba la juventud y yo volví al patchimundo que está lleno de piruletas. En fin.

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