Yo también he sido víctima del síndrome de U2

Mañana es el concierto de U2 en Madrid, y entre mis conocidos, los que tienen entradas no paran de intentar darme envidia. La verdad es que no lo entiendo, porque si hubiera querido ir, habría hecho la cola para las entradas, como la hice para el concierto de Paul McCartney de Barcelona, que para eso tengo las mañanas libres.

Es un afán por que me guste U2... vamos, lo que viene siendo el síndrome de U2 que lo llaman Hirule y Viru. Seguro que lo reconoceréis si os digo que es esa enfermedad que lleva a vuestros amigos a poneros cualquier canción de la banda, aprovechan cualquier despiste, cualquier resquicio en vuestra resistencia para apabullaros. Sí que he escuchado algunas canciones y si me preguntan, ya me he aprendido (lo cual no tiene nada que ver con comprobado) que el que tengo que decir que es el mejor disco es el Atchung baby (o lo que sea, no he mirado ni el título, soy la costra). Por no hablar de las pintas de Bono, con sus gafas a lo J. Lo y la inefable camiseta de músculos, nunca lo suficientemente ponderada.

Repito: no odio a U2, pero me la chufla que tengáis entradas, que vayáis al concierto y que para ello hayáis tenido que acampar en quince sitios distintos, entre el sitio de compra de entradas y ahora en el Calderón. Por cierto, la idea del post se la debo a Torpin, aunque no me ha ayudado a buscar la foto de Bono con su camiseta horteroide (sabe que sólo le quiero por los temas).

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