Donde las cabras beben whiskey y usan revólver


La ermita visigoda de mi pueblo,
si es que soy toda glamour


Hola! Estoooo, ¡he vuelto! He hecho un viaje relámpago a A. City, el pueblo de mis ancestros, donde las cabras beben güisqui y usan revólver, allá donde la expresión "hace un calufo que ni en casa de Rufo" toma una nueva dimensión, en la que los postes de las farolas entran en el punto de fusión. Allí donde la sequía no se nota, porque los paraguas se rompen de no usarlos. Vamos, en Extremadura. En la misma Extremadura.

Como allí no tenía Internet (ni ordenador, porca miseria, me había llevado la peli Shaolin Soccer en un disco duro para poder verla, pero mi ordenador se ha reído, me ha dicho que sólo tiene disketera. De las grandes), pues he estado haciendo todas esas cosas que se hacen cuando no se tiene Internet: hablar con los agüelillos, que ya no se acordaban de mí, con los primos, con los pajaritos, con los cervatillos (vamos, que ni Blancanieves). Y he visto la tele. Mucho. He visto el Gran Prix, con Ramoncho (que lo llama así mi agüela) que cada año va siendo más casposo, pero que cada vez mola más a niños y a viejunos (demonios, no sé cómo lo hace). También he visto el diario de Patricia de ayer, que iba de transformar a la gente. Había básicamente tres invitadas que estaban deprimidas (pero deprimidas de verdad, eh?) y que la Patricia suplente del verano les cambiaba el look con grandes letreros abajo que ponía algo así como "antes estaba deprimida, pero como ahora soy guapa me da igual mi mierda de vida". O algo así...

Pues nada, esta noche más, si es que no llego muy tocada a casa. (Me viene bien descansar de vez en cuando para no acabar así- tomado de Uruloki).

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