Los conjuntos: esa sabiduría no siempre bien valorada

Yo siempre he sido niña de letras. No es que odiase las mates, pero es que era una asignatura que me aburría mogollón sobre todo a principio de curso. Yo no sé si es por la EGB o qué, pero recuerdo que todos los años teníamos que empezar por las teorías de conjuntos. Los conjuntos están bien, sobre todo para ir a las bodas, porque tienes que pensar menos en qué te pones (claro!), aunque lo cierto es que luego en mi vida escolar posterior no los he usado al menos conscientemente.

Los conjuntos se metían en globos o diagramas de Venn, que hay que ver lo a gusto que se quedó el tío, después de inventar semejante despropósito. Porque, vamos a ver, ¿cuántos de vosotros habéis empezado a hacer circulitos para meter conceptos, como por ejemplo, en un lado los australopitecus, en otro los neandertales y en la intersección los homo antecessor? Pues yo creo que más bien poco. Pero hay que ver cómo se regodeaban los profes, lo contentos que estaban de poder explicar a los niños que en un lado metemos los números positivos, en otro los negativos y en la intersección el cero. O el típico ejemplo de los cuadraditos y triangulitos de colores. En serio, no entiendo para qué me ha servido aprender a hacer conjuntos, como no sea para realizar sopas de letras o cosas así.

Y ahora me enfado y no respiro hasta que me ponga verde.

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