El payo poli, los alcoholímetros y por qué a las buenas personas les salen las cosas bien

Me ha parado la poli para hacerme un control de alcoholemia. Diréis que estáis hartos de que os cuente mi vida, pero es que esto vale la pena. Os pongo en situación: vuelvo de fiesta con el patchmóvil, unas sangrías, buen rollo y tal, y casi llegando a mi casa, me paran en el típico control que hay todos los fines de semana.

Yo ya iba tarde de por mí, teniendo en cuenta que trabajo los domingos y llevo sin dormir más de cinco horas en fin de semana desde ni se sabe, y el poli empieza:
- A ver, documentación.
Y yo, como siempre, que no encontraba los papeles.
- Ay, payo poli, que no sé ande tengo los papeeeeeeeles.
- No habrás bebido, verdad (con tono de Amparo, tú no te drogas, verdad?)
- Ay, mira lo que dice el payo poli, que si he bebío. Pos no (mentira infinita, pero quería acabar pronto y llegar a mi cunita).
- Pues me vas a soplar aquí.
Os prometo que yo tenía buena intención. Y que no quería hacerle daño al poli. Pues bien. Nada menos que dos alcoholímetros me cargué. Por no saber soplar, porque se le gastaron las pilas... En fin, que finalmente dio 0.0 (a todos los tontos se les aparece la Virgen...) pero llegué a casa con el tiempo justo de dormir cuatro horas. Y a currar el domingo con la fresca.

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