No creo en el fútbol



Yo no creo en el fútbol. Es desolador, hay partido y la mitad del personal huye cuan ratas. Sales a la calle, ¿y qué ves? Los bares rebosantes de gente, los viejunos (y no tan viejunos) frenéticos por encontrar un sitio donde poder ver su ración de balón. Intentas quedar con alguien y hasta media hora después del partido, nadie está disponible. Y antes, por supuesto que tampoco.

Si su equipo gana, eufóricos, si su equipo pierde deprimidos. Encima si no sabes el resultado se te cabrean. Y ya no quiero ni pensarlo cuando es un Madrid-Barsa. Es que la sociedad te aísla, te tratan como si fueras un leproso sólo porque te has perdido noventa minutos de televisión que van a ser repetidos hasta la saciedad durante la semana siguiente (por no hablar de las expectativas ante lo que pase lo que pase, es el "partido del siglo" y que te llena todas las noticias durante la semana anterior excepto si se ha muerto un Papa).

Y ya no os quiero ni contar si en tu candidez (si en MI candidez) se os ocurre acercaos a un bar con la tierna intención de tomar unas cañas, porque están todos petadísimos. La única opción que nos ha quedado ha sido meternos en un bar SIN TELE.¿Os habéis percatado alguna vez de lo raro que es encontrar un bar sin tele en Madrid, un día de Madrid-Barsa? La cantidad de bares a los que me refiero está entre uno o ninguno.

No me entendáis mal, no odio el fútbol ni nada de eso, sólo lo veo como un fenómeno fascinante a la par que incomprensible. Como la poligamia. Bueno, la poligamia la entiendo. Sobre todo si tuviera que elegir entre George Clooney y Brad Pitt.

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