Las fiestas sorpresas y las tartas Windsor

Con elegancia, para que no quede por encima el post de automolismo, os contaré una cosa extraña que observé el viernes (sobre todo para que no parezca que me miro el ombligo hasta el infinito). El viernes (el día S, a partir de ahora) me invitaron a una fiesta sorpresa. En teoría hacer una fiesta sorpresa es una idea supermolona y todo eso... cómo se nota que el que creó esa teoría no había hecho ninguna fiesta sorpresa ni se la habían hecho.

Claro, porque si te hacen una fiesta sorpresa, el día de la fiesta es un día extraño en el que nadie quiere quedar contigo. De repente todo el mundo desaparece y no te saben concretar por qué no quieren quedar contigo ni por qué. Y ante tus intentos por acoplarte a un plan a cualquier precio, acabas pensando que todo el mundo te repudia por algún motivo no relacionado con tu higiene personal (os hablo desde la dolorosa experiencia de un cumpleaños sorpresa que protagonicé).

Bueno, pues el del viernes no tenía nada que ver con el mío. La verdad es que las fiestas sorpresas son algo tan fácil de cagar... Empezando por la casa del homenajeado, que tiene que estar con su propietario fuera (en teoría esta es la parte fácil) y preparada para el sarao (esta es la parte chunga). LLena la casa de globos, de panchitos, de medias noches (que levante la mano quien no eche de menos las medias noches en los cumples) y, lo que es más difícil, de alcohol.

Una vez superada la primera crisis, entramos en la segunda fase de ansiedad, con la llegada de los invitados, que tiene que ser con antelación al anfitrión,pero por caminos por los que no se encuentren con el dueño de la casa. Y encima, no te puedes estar mucho rato esperando, porque esperar rodeado de comida y bebida que no puedes tocar se aproxima mucho a lo que yo considero "una espera tensa".


Por cierto, hoy ha sido el cumple de Mini Patch. Japi Berdei!!

Pues bien, una vez estábamos todos dentro de la casa, nos hicieron la señal de que ya venía la del cumple (otro día hablamos de las llamdas perdidas y su utlilidad) y nos pusimos en nuestros puestos. El objeto principal, la tarta, fue lo único que teníamos que preparar. La llenamos de velas... y nos pasó lo que le pasa a todo el mundo cuando llenas una tarta de velas: se nos llenó la tarta de cera, una humareda increíble, todo lleno de fuego... aquello más que una tarta de chocolate, era una "tarta Windsor" (si se me permite la expresión). Pero bueno, que al final todo salió guay, la fiesta fue genial y la única persona que fue intervenida de quemaduras de tercer grado fue la chica que sostuvo la tarta. Eso sí, a la del cumple casi le da un infarto al ver su casa llena de peña.

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