Lampa's bus blues

Pues hoy os iba a contar una historia muy bonita de que he estado a medio día en el cole en el que me crié (de los 3 a los 17 años) (importante: TOTALMENTE LIBRE DE MONJAS!!) y contaros toda la nostalgia que me ha venido y tal. Pero no, os voy a contar una historia de esa profesora tocapelotas que todos tenemos en algún momento de la vida. Su nombre en clave será Lampa (es una larga historia y no quiero aburriros) y es la que, allá por 3º de BUP (para las nuevas generaciones, lo que viene siendo 1º de Bachillerato) me dijo que tenía una manera de expresarme y una letra tan pésima que jamás iría a la universidad. Como ya sabéis, la venganza se sirve fría.

Pero no, no os voy a contar lo orgullosa que le he contado que he asentado la cabeza, que estoy ejerciendo en uno de los periódicos más leídos en castellano y que tengo un blog por el que se pasan los mejores lectores del mundo. No, amigos, Patch no es rencorosa. Esto no es una historia de venganza.

Pues a lo que iba. Mi profe Lampa me ha contado una historia (real y verídica) que le ha ocurrido y que voy a compartir con vosotros. Resulta que va al cole en bus. De hecho, va en el mismo bus que pillo para ir a trabajar (lástima que no coincidamos ni en horarios ni en trayectos, porque me iba a hartar de darle collejas. Mejor no, que no soy rencorosa). Dice que lo normal es que tarde unos 20 minutos en la parada hasta que el primer bus se digna en parar, porque van todos tan petados que no se puede subir.

Pues la semana pasada, harta de esperar, cuando por fin consigue subirse al bus, le suelta al conductor "Oiga, ¿y la hoja de reclamaciones? ¿No tiene hoja de reclamaciones?" Y el busero flipando porque a las 7 de la mañana que una viejuna posesa te pida la hoja de reclamaciones tiene bemoles. Y claro, le dijo que no, pero que si ella tenía un folio que le recogía la reclamación tan a gusto. Claro que Lampa iba preparada para este nuevo reto. Saca la hoja, escribe la reclamación (lo de estar tiempo infinito en la parada, los buses petados...) y, ni corta ni perezosa, se pone a arengar a la masa somnolienta del autobús. "¡Hey, que estoy reclamando! ¿Alguien tiene alguna queja contra el bus?" Por lo visto llenó seis hojas a fuerza de zarandear a los pasajeros legañosos. Y la ha enviado al consorcio de transportes. Creo que no ha cambiado nada. Pero el consorcio le ha contestado y le ha dado las gracias. Y le ha mandado un pin de Madrid 2012. Menos mal que tenemos a Lampa la vengadora para hacernos más fácil la vida diaria (y menos mal que no es adivina ni orientadora profesional).

Nota: Una parte de este post es ficcionada por la artista (u sea, yo). Que no quiero tener problemas con el consorcio (no se llamaban primero Mocedades?) ni con Lampa.

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