Accidentado viaje de vuelta

Mañana os cuento más detalladamente mi viaje por París. De momento os cuento sólo lo que he hecho hoy, para que os hagáis una idea de lo duro que puede ser volver a la rutina.

Me he levantado al alba, ni siquiera era de día cuando he abierto los ojos y me he puesto en marcha. Antes de nada, superdesayuno de los campeones: cruasán, café olé y zumó de naranjá (no sé cómo se dice, pero he descubierto que el truco está en poner la boca como para decir "u" y poner el acento en la última sílaba). Luego, arrastrar mis maletas por todo París para ir a pillar el bus que va al aeropuerto. Antes de seguir, os tengo que decir que mis maletas consistían en un macuto como yo de alto y un supermochilosconcio de ir al cole relleno de un saco de dormir (hacéos una idea del volumen de carga). Me monto en el bus. Imposible subir el macuto a la rejilla esa donde se suben los equipajes. Al final me ayudaron. Vale. Estaba en camino...

Bajo del autobús y, como viene siendo habitual, me he equivocado de terminal. Bueno, que no panda el cúnico. Cada tres minutos sale un trenecillo que te lleva de una terminal a otra. Vale. Aunque voy con el tiempo me empiezo a poner nerviosa. De pronto se empieza aa acumular peña en el andén. Empiezan a decir por los altavoces "guachuguá, guguá, monsherí, guegalá" y se pira todo el mundo por patas. Pregunto en información en mi perfecto inglés. Me dicen que han encontrado una mochila en el vagón del tren y la poli tenía que inspeccionarlo por si había una bomba. Media hora esperando para poder pasar a la otra terminal.

Llego a la terminal buena. Facturo los maletosconcios. Me dicen que ya han empezado a embarcar. Comienzo a correr como una loca. Cola infernal para entrar a donde se cogen los aviones porque con la movida están revisando todos los equipajes de mano. Menos mal que no me han hecho un tacto rectal. No digo más.

Sigo corriendo como posesa. Encuentro mi puerta de embarque (por supuesto, al otro lado de la terminal). Y el azafato se cabrea, me grita en tres idiomas de la ONU que no se puede correr por el aeropuerto. Finalmente, mi vuelo sale con retraso, con la consiguiente subida de nervios porque tenía que llegar a trabajar.

Del vuelo no me he enterado porque me he dormido. Llego a Madrid y mis padres se han cabreado conmigo así que me toca acarrear mis maletas por toda la ciudad para llegar bien al tajo. Pillo un taxi. Me acerca a mi curro. Le voy a pagar pero no quiere mi dinero (¿qué hay de sucio en los billetes de cincuenta lebros?) y me hace ir al cajero.

Menos mal que llegué al trabajo, curré y todo eso. Y la vuelta a casa divertida porque el bus iba petado, así que me he hecho superamiga dle busero, al que le he contado mi vida.

Muchos patchiabrazos para todos, mañana más!!

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