El culmen de la tecnología humana

Hoy estaba yo pensando en uno de los hitos de la ingeniería humana. En la tortilla de patatas. Pensadlo bien. Tuvo que venir un neandertal, coger un huevo de gallina, darse cuenta de que el huevo batido era mejor que el huevo entero. De que el huevo batido y frito era mejor que el huevo batido crudo. Tuvieron que ir a América a por un tubérculo. Cortar el tubérculo (la patata, señores) en láminas. Añadirlo a la masa anterior. Echarle cebolla (según el caso). Y... voilá. Aquí tenemos una estupenda tortilla de patatas. El culmen de la evolución culinaria.

Si es que muchas veces no nos damos cuenta de lo importante que es la evolución, lo guay que es no tener que cazar, saber que la comida cocinada es mejor que la cruda porque cría menos bacterias malas... ¿Y todo esto a qué viene? A que me he topado esta mañana con un libro que leí de pequeña:



Era un cavernícola que se pasaba todo el día cabreado y que se hace amigo de un mamut (y luego os preguntáis por qué tengo esas ideas tan raras). En uno de los episodios, Gruñón (que así se llamaba el cavernícola) inventaba los huevos revueltos. Ahí fue donde me di cuenta de que la tortilla era el gran avance de la civilización. Porque cualquiera puede hacer huevos revueltos, pero la tortilla exige un nivel superior de tecnología...

Sí, estoy pillando la indirecta, me voy a tomar la pastillita y a dormir.

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