Un viejuno. Verde.

Ayer repartiendo publicidad de la obra me pasó una cosa muy curiosa. Estaba yo tan tranqui, repartiendo octavillas en la salida del metro de Tribunal (imaginaos la escena: sábado, 12 de la mañana, todas las maris hasta las cejas de compra, carros, bolsas...

Pues eso, que estaba yo tan tranqui repartiendo papelitos, invitando a todo el mundo al teatro (es curioso, cómo la gente te presta más atención si usas las palabras gratis o invitación), cuando de repente se me acerca un viejuno (gran palabro de La Hora Chanante) y me empieza a susurrar: "Hummm, qué bien repartes papeles, qué gracia tienes". Yo me empiezo a descolocar, a poner de todos los colores. El viejuno se me empieza a arrimar peligrosamente. "¿De dónde eres?" "Pues de aquí, de Madrid (¿por qué los de Madrid, hasta cuando estamos hablando por teléfono, tenemos que decir "de aquí"?¿Son causas mayores?)" Y el viejuno venga a acercarse. "Huy, ya lo decía yo, con ese salero repartiendo (aquí es cuando yo empiezo a poner cara de paisaje). ¿Te puedo hacer una pregunta?" "Si no es difícil" (he descubierto que los tíos son más manejables cuando se creen que eres tonta. No sé por qué). "¿Te puedes venir conmigo a tomar una copa?" (Volved a leer arriba: eran las 12!!) "Pues no".
La gente flipa

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