Japi berdei, diar Leti

Como molo el doble, pues os cuelgo otra cosita por aquí.

Estaba yo pensando en nuestra Leti, la Leti de España, que mañana cumple años. ¿Cuántos? Pues eso no se pregunta, panda de maleducados.

La verdad es que yo quiero ser como Leti. Vamos a ver. Acaba la carrera (en el mismo sitio donde yo, ojo [y ahora no empecéis a decirme que Ana Rosa también estudió en la Complu, que os veo]), se va a estudiar por ahí con una beca, y entra fulgurantemente en el mundo de la tele. De ahí a presentar el Telediario más visto de nuestro país un paso.

Pero lo que más envidia me da es que ella puede vestirse de rosa, con sombreros cónicos acabados en tul sin que se rían de ella. Y llevar corona sin que sea su cumpleaños en el Burguer King. Y besar ranas que se convierten en tíos buenos. Y tiene un hada madrina, seguro. Y una madrasta. Bueno, a la madrastra la hemos visto todos, porque ella misma fue a la boda de su padre. Y como en todos los cuentos no la invitó a la boda.

Otra ventaja que tienen las princesas es que su pelo puede crecer indefinidamente (sin usar champuses especiales ni ná, que sois unos ordinarios) y luego usarlo como escalera de emergencia en caso de incendio.

Pero no todo van a ser ventajas. También, a parte de la susodicha madrastra (y hermanastras de todo pelo, que no sé si las tiene), hay que tener cuidado de las brujas. Y no me refiero a las ex concursantes de GH que gritan hasta desgañitarse. Me refiero a las que envenenan manzanas, cocinan niños usando como cebo casitas de chocolate e incluso convierten a la princesa en distitos animalejos, según el relato, que puede ir desde un cisne hasta ¡¡un ser humano!! (si la princesa no lo era previamente).

De todas maneras, vale la pena ser princesa sólo por salir en los cuentos. Y es que las hay con suerte.

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