Me piro si la mafia rusa no me lo impide
(otra aventura del patchmóvil)



Pues nada, que me voy a la playa. Hace más de dos meses que os advertí que soy fetichista del mar, así que os podéis imaginar el programa: leer mucho (a la orilla del mar), huevear o no hacer ni el huevo (a la orilla del mar), acordarme de vosotros, de unos más que de otros (a la orilla del mar), ver pocos ordenadores, imagino (a la orilla del mar), cantar la raspa (que es la melodía que suena cuando me llama Torpin al móvil) (a la orilla del mar) y escribir un poquejo. Me he pillado un cuaderno a posta para poder organizar mi mente. Y recopilar todos los fregaos en los que me he metido durante el año, que no son pocos.

Pues eso, que el día 30 estoy de vuelta si no me secuestra la mafia rusa, que han intentado interceptarme el patchmóvil esta misma noche cuando lo aparcábamos en una calle poco concurrida. La cosa ha sido así: hemos aparcado y se nos ha acercado un ruso y nos ha dicho que le diéramos dinero para tabaco. Y como no se lo hemos dado, nos ha dicho que se iba a llevar el patchmóvil a Rusia y lo iba a cambiar por mucho tabaco. He tenido que darle un beso de buenas noches al patchmóvil porque se ha preocupado muchísimo.

Por cierto, que la foto es del sitio al que voy (lo prometo solemnemente por la cobertura de mi móvil).

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