Fast food trash food?



Hoy os quería hablar de esa comida mal llamada basura. Porque quién cuando ha llegado un momento de hambre infinita no ha echado mano al bolsillo para constatar que no sólo no le llega para un bocata de calamares, sino que no hay ningún sitio donde puedas conseguir un bocata de calamares como las normas de la decencia y la higiene gastronómica mandan. Ese es el momento. Es el momento en el que te plantas en tu cadena de hamburguesas favoritas y comienza tu calvario.

Es mítica la escena del Príncipe de Bel Air del Chimi Wini con queso, en el que se hacen un lío infernal con los nombres de los menús. Y es que no es tan fácil. Porque ¿quién sabe la diferencia entre un Whoper (tm) y un Big Mac (también tm)?

Lo bueno de las hamburguesas es que no tienes que complicarte la vida eligiendo plato, porque de un bocado te comes el primero y el segundo, a la par que el pan. Además, puedes reciclar los pepinillos, que nadie come, no os llevéis a engaño, para haceros una cura de belleza de último momento (previamente chupadle la sal, no sea que se os reseque el cutis).

Otra ventaja es que si eres una chica y/o tienes poco apetito, te puedes pedir el menú infantil y por un precio más asequible llevarte un juguete y un petit suise, que nunca está de más ser un poco más alto, no?

Pues nada, sólo dejaros una opinión (y por favor, no os exaltéis como cada vez que os cuento lo que pienso de algo de esto): no considero comida basura ni a los bocatas de calamares ni las pizzas (después de vivir un año en Italia, qué voy a contaros).

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