Destino final (os jorobo la peli, no lo leáis si aún queréis verla)

He visto Destino Final. Y me ha gustado. De todos es sabida mi pasión por las cosas absurdas, y esta peli está plagada de absurdeces, como los accidentes domésticos. Vamos a ver, no es que los accidentes domésticos sean una cosa para tomarlos a guasa ni nada por el estilo, pero es que si en vez de ser una peli de mucho miedo (uuuh, un sutto de muette) fuera de loca academia de ... (rellénese el hueco con lo que se venga a la cabeza: patinadores, animadoras, reinas de la fiesta, makokis...) seguro que la gente se partiría el pecho.

Porque ¿a quién se le ocurre morir ahogado con la seda dental? ¿o perseguido por un persistente charco de agua que quiere hacer que te electrocutes? Pero la mejor, sin ninguna duda, es la última muerte, digna de Mortadelo y Filemón de puro absurdo (esta no os la destripo porque luego me decís que os jorobo las pelis).

Si yo le hubiera tenido que poner un título, en vez de Destino Final la habría llamado “cuidadín, porque quedarse en casa puede matar”. Y es que nunca se aprecia lo suficiente el peligro de un anzuelo lleno de tétanos (por cierto, ¿por qué el pavo ese Devon Sawa abre la lata de atún con guantes y se la come tan pancho? ¿Y si el atún hubiera estado contaminado con botulismo?).

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