Las vitaminas



Esta semana estoy como atontada. Entre los exámenes, el calor y la mala uva que se me pone con la coña de la boda del milenio, estoy que me como los codos. Además, estoy todo el día cansada. He empezado a tomar vitaminas a ver si me voy recuperando y se me quitan las ojeras, porque tengo exactamente el mismo aspecto de los zombies de Thiller.

Hoy me decía Borja que las vitaminas son casi todas un placebo, o sea, que te las tomas y es como si te autoconvencieras de que tienes más vitalidad, más energía. Pero vamos, que a tí te hace ilusión y tal. Lo malo son las vitaminas que saben malas, porque para eso nos saldría más rentable comer verdura (digo yo). Y luego están las vitaminas sustitutivas, como las que tomaba Tania el año pasado (mi compañera de cuarto en Italia), porque como no comía carne (no animal, de la humana no sé nada...), pues andaba todo el día desfallecida. Y claro, venga a tomar vitaminas y hierro. Porque como los italianos no saben tomar lentejas, pues claro. Porque sí, de pasta saben los tíos una jartá, pero no saben fabricar unas alubias (ojo, que yo soy superfan de la pasta, de hecho he sobrevivido un año sólo comiendo pasta...)

Pues esto es todo por hoy. Y no olviden supervitaminarse y mineralizarse (el mineralismo va a llegar...)

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