Un relato. ¿O no?

Tú te acercaste a mí. Me cogiste la mano y me susurraste. “Déjalo. Lo nuestro nunca funcionará, busca a otra chica”. Yo te acompañé hasta la puerta de tu cuarto, sin decir nada, sólo con una súplica muda en los ojos que tú entendiste bien. “Tú sabes que yo te quiero, ¿no? Sabes que pertenecemos a mundos separados”. Y desapareciste tras tu puerta envuelta en tu bata verde. Yo me di la vuelta, cansado, y me fui a buscar mis pastillas de la noche. Qué duro es el amor en las residencias de ancianos.

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