22.6.15

Antes de nada, vaya por adelantado que este es el último post sobre el libro en una temporada que tampoco es cuestión de ir asustando a los pocos lectores que aún estáis por aquí. Sin embargo no puedo perder la ocasión de agradecer el cariño infinito que me disteis el viernes en la presentación de mi novela Responde primero a la segunda pregunta.

Para el evento conté con el marco incomparable que es el Handbox Studio y que me lo dejaron así de bonito:
Imagen vía Dompi
Pese a que me dejé el discurso que había preparado en casa, casi no dije a nadie que no fuera Esther de Handbox que estaba nerviosa y llevé con dignidad y bizarría la tarea de presentar el libro. La suerte fue que de la gente que vino al local casi todos habrían podido estar invitados a mi cumpleaños así que me sentía entre amigos.

Imagen de JJMax
Lo primero que hice fue sonrojar un poquito a Oneeyedman que me había hecho esa portada maravillosa que podéis ver en tamaño gigante sobre estas líneas. Por suerte es un buen chico y se lo tomó con filosofía.

Más o menos esta es la cara gafotas que pongo cuando firmo.
Imagen de la madrina.
Y luego me pasé el resto de la tarde firmando ejemplares, hasta tal punto que me quedé sin ninguno. Pero si queréis el vuestro, no os preocupéis porque me tienen que llegar más libros esta semana, y si los solicitáis a mi mail os los envío a vuestra casa con mi firma personal e instransferible.

17.6.15


Hoy vengo a contaros el último paso en la materialización de mi novela: la presentación, que tendrá lugar el viernes 19 de junio a las 19 horas en el Handbox Studio, que está en la Travesía Conde Duque 12, esquina con la calle Limón.  Allí nos veremos para echar unas risas, hablar de cómo llegué a crear a Ingrid y para echar unas lagrimitas si consigo emocionaros.

Si os apetece el plan me encantará veros y si encima os convenzo seré feliz de firmaros vuestros ejemplares para que presumáis de amiga bloguera escritora. ¡Ah! Y habrá cocacolas para todos y probablemente algo de picoteo, ¿qué más se puede pedir a una tarde de junio en Madrid?

Por cierto, aún podéis comprar el libro tanto en papel como en ebook en Amazon. O si queréis os puedo enviar un ejemplar firmado por 9 euros más gastos de envío si me ponéis un mail.

9.6.15

No quiero escribir muchos posts deprimentes sobre que no sé cuándo volveré a andar sin muletas pero no podía dejar de compartir mis aventuras en la resonancia magnética que me hicieron la semana pasada y que es de mucha risa como es habitual por aquí. El caso es que llegué con la hora un poco pillada a la resonancia y cuando por fin encuentro dónde las hacen, sale una enfermera gigante, rubia, gritando:

Enfermera rubia gigante: ¡Patricia Tablado! ¿Está por aquí Patricia Tablado?
Patch indefensa con muletas: Sí, soy yo, perdona, he llegado un poco pillada de tiempo.
ERG: No te preocupes, dime, ¿cuánto pesas?
PICM: Ejem, ¿es necesario? Es que hace mucho que no me peso.
ERG: Que me digas cuanto pesas.
PICM: Hum, no sé, taitantos...
ERG: ¿Taicuántos?
PICM: Es que hace mucho que no me peso.
ERG: Te he preguntado cuánto pesas.
PICM: Creo que tayuno.
ERG: ¡Patricia Tablado, que pesa tayún kilos, pasa a la resonancia! Vete desnudándote, quítate toda la ropa menos las bragas, ahí tienes tu cabina.
PICM: Eh, que no hace falta gritar a voces mi peso.
ERG: ¡Venga, que no lo ha escuchado nadie!

En ese momento me giré hacia la sala de espera, llena de gente que tenía cita para hacerse una ecografía, y vi a una señora moviendo afirmativamente la cabeza: "Es verdad, no hemos oído que pesas tayún kilos".

Pensé que no podía sentirme peor, así que fui a la cabina, me quité toda la ropa menos las bragas y me dirigí hacia la cabina mientras volvía a oír a la enfermera vocear mi peso MIENTRAS ESTABA POTENCIALMENTE EN BOLAS, con una bata de esas que no se cierran por el culo.

Hace más frío que en la comunión de Pingu, así que necesitamos que estés en bolas
Me tumbaron en la máquina de resonancias y no podía dejar de pensar en Nacho Mirás y de preguntarme si yo también escucharía una música salir de ese aparato*. Antes de darme unos cascos para que no me atronaran, me advirtieron que no podía moverme en absoluto y me dieron una pera que por lo visto era un timbre pero que no podía tener en las manos porque hay gente que las presiona sin darse cuenta por la emoción del momento.

Estaba yo preguntándome si esta vez me iba a dormir (la primera vez me quedé frita a los cinco minutos de empezar) cuando empiezo a notar que me SUPERPICA la nariz. Tenía que estornudar. O sonarme los mocos. O morir. Pero claro, cualquiera de esas opciones habrían anulado la prueba y no podía desperdiciar una cita que me dieron hace cuatro meses, ¿verdad?

En un alarde de heroísmo, controlé el estornudo, los bostezos y toda una serie de movimientos involuntarios que mi cuerpo decidió hacer cuando estaba sumergida hasta la cintura en ese mamotreto de Philips. Por supuesto, para rematar la faena, me dieron muchas ganas de ir al baño.

Esa prenda que favorece a niños, mayores y maniquíes

Cuando me sacaron de ahí yo solo pensaba en irme rápida a mi cabina, vestirme y visitar al señor Roca. Al salir (cojeando porque no me dejaron las muletas) me topé con un señor en gayumbos cuyo peso eran taysiete kilos. Entré en la cabina, cerré la puerta... y vi que lo que había dentro era la ropa del señor de los gayumbos. Salí de nuevo y busqué a la enfermera que ya se había encerrado en la SALA MÁGICA ANTIRRADIACIONES. Por suerte comprendió mi problema y me indicó dónde estaba la cabina sin cacarear mi peso de nuevo.

Al salir pregunté en información que dónde había un baño y el hombre me miró con pena. Me explicó que el baño de ecografías estaba averiado y que tendría que ir al baño antiguo, que estaba al final del pasillo, bastante lejos. Después de recorrerme la Comarca, el Camino de Santiago, Ikea y el parking de Islazul, por fin llegué a los baños que eran como de peli de la posguerra.

Azulejos verdes rotos, un suelo encharcado con algo indefinido y con ruidos raros me acogieron mientras me preguntaba si había acertado con el baño de chicas porque tenía tantas prisas que me metí en el primer sitio que vi. Cuando acabé mis aguas menores fui a tirar de la cisterna y me topé con que también era antigua. Tan antigua que la cadena, que pendía casi desde el techo, se acababa como un metro por encima de mi cabeza. Mis alternativas eran irme como si ahí no hubiera pasado nada o trepar como un mono con mi pie roto encima de la taza para atrapar la cadena y bajarme sin caerme. Es evidente la opción que usé, ¿no?

Por cierto, podéis conseguir mi libro gratis si participáis en el sorteo que está haciendo Mamis y bebés en su blog.

*No escuché música pero podía oír a la máquina cómo decía pollapollapolla que siempre da mucha risa aunque no puedas moverte para reír.

28.5.15

Sí, sé que si estáis por aquí ya sabéis que he escrito un libro y que se vende, de momento, en Amazon (disponible en eBook y en papel). El caso es que esta mañana estaba pensando planes malvados para promocionar marcas de mis clientes cuando he pensado llamar a la radio, hacer un poco el gamba y cruzar los dedos muy fuerte para que me sacaran y/o me entrevistaran para promocionar mi libro.

Al final me he venido arriba e incluso he suplantado a Carlos Herrera porque lo peor que me podía pasar era que se rieran en la redacción y que no me sacaran (sí, el presupuesto para publicidad que tengo es ínfimo). El resultado, eso sí, ha sido molón (aguantad hasta el minuto 46 por favor!).

29.4.15

Aunque dejé atrás lo de hacer críticas de libros infantiles en vídeo cosa que no descarto para el futuro, voy a seguir haciéndoos recomendaciones. Hoy os traigo la colección Baby Lit, de los que tenemos tres por casa.

Los libros estructuralmente son libros para bebés, de cartón recio con unos dibujos muy bonitos. Pero lo mejor de todo es que en ellos cuentan historias de la literatura inglesa a la vez que repasan conceptos sencillos: partes del cuerpo, onomatopeyas, números, antónimos...


Las ilustraciones de Alison Oliver permiten, además de repasar estos conceptos, seguir la trama de la historia y es posible leérselos así a los niños, para que se vayan familiarizando con los grandes relatos de la literatura. Los dibujos son tan bonitos que de muchos de ellos se podrían hacer posters y quedarían perfectos en los cuartos de los peques.


Si tenéis que hacer un regalo a un niño entre 2 y 5 años yo los recomiendo, salen bastante baratos. Los venden tanto en su propia web como en Amazon por menos de diez euros y en Madrid los he comprado yo en la tienda del Caixa Forum.

Hablando de libros, ¿ya sabéis que he sacado uno? ¡Muy pronto en papel!
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