29.7.15

El Patchmóvil es el vehículo que me acompaña en casi todas mis aventuras desde un par de meses antes de abrir este blog. Con él he conocido a gente pintoresca, como el busero con el que entablé amistad recorriendo un barrio que por aquel entonces estaba vacío, he hecho esas gestiones de las que no se escapa nadie y he recorrido la geografía española siempre en buena compañía (a veces incluso metafóricamente).

Hoy lo he encendido para ir a rehabilitación como todos los días desde hace seis meses salvar el mundo y me he encontrado con que sí arrancaba pero lo hacía muy despacio, tomándose su tiempo. No me he preocupado porque yo no soy muy de preocuparme por coches, me preocupa más la paz mundial o que el #herederochiquitito no coma cosas que no pueda tragar o que sean venenosas y he seguido mi camino.

A mitad de camino, ha empezado a oler a quemado. Tampoco me he preocupado porque estamos en verano y las carreteras están llenas de peligrosos pirómanos que hacen cosas pirómanas y he seguido mi camino. Al llegar, he hecho eso que tanta paz nos da a los ignorantes que es abrir el capó y ver qué hay ahí debajo. He echado un poco de aceite porque he pensado que ya le tocaba y he visto un depósito nuevo que ponía que el líquido estaba al mínimo. Como soy una chica lista he mirado en las instrucciones del coche y he visto que el depósito ese corresponde al líquido anticongelante, que he procedido a comprar y a poner (después de una discusión con el tipo de la tienda explicándole que mi anticongelante no era rosa sino amarillo y que por qué se empeñaba en venderme uno rosa y qué pesadas somos las chicas con los colores).

Luego me he rehabilitado y a la vuelta, al subir una cuesta, ha vuelto a oler a quemado, circunstancia que ha aprovechado el patchmóvil para ponerse a 60 km/hora y a reírse por lo bajini. No le he dado importancia porque mi coche no es de correr mucho y en fin tampoco tenía mucha prisa. Lo malo ha sido cuando ha bajado a 40, luego a 30, luego a 20 y por último solo avanzaba por inercia.

Así que me he pasado un buen rato esperando a la grúa debajo de un alcornoque desde el que he hecho fotos chulas como esta:

¡Te echaré de menos, amigo!
Me han dicho que es probable que sea el embrague y estoy en ese momento de mi vida en el que tengo que abrazar la realidad y la realidad es que necesito un coche de madre y no un súper molón Patchmóvil. Ya no tendré tanto índice de molonidad pero al final seguro que los herederos me lo agradecen. Y los nerviosos de la M40 que me pitaban al subir cuestas a duras penas también.

21.7.15

Es verano, y en verano los horarios se relajan, y aunque yo sigo teniendo que estar de madrugada en la rehabilitación si quiero dejar de una vez mi vida en muletas, los herederos llevan una existencia disoluta vacacional y les dejo acostarse más o menos a la hora que les parece con la esperanza vana de que me dejen desayunar sola o al menos comerme sola todo mi desayuno, que son unas pirañas. El caso es que por las noches hemos detectado una serie de comportamientos que nos dicen que están a punto de dormirse aunque no lo admitirían ni siquiera a cambio de una caja entera de Aspitos. Estas son las cinco cosas que suelen hacer en vez de dormirse a una hora razonable:



1. Negarlo: La negación es el primer paso hacia el reconocimiento de lo que está sucediendo aunque ellos no lo sepan. Ante la pregunta "Heredera, ¿tienes sueño?" ella suele responder que no, que le pongamos la peli de Frozen una vez más y que le dejemos en paz.



2. No parar de moverse: saben que si se quedan quietos a lo mejor sucumben a los hechizos de Morfeo, así que lo mejor es no arriesgarse.



3. Perseguirse: normalmente el pequeño persigue a la mayor. Por desgracia la cabeza del pequeño pesa más que su cuerpo y suele acabar en una caída con más o menos fortuna. No, no suele caerse y quedarse dormido.



4. Llorar. Llorar más fuerte. LLORAR QUE TE CAGAS. Esta parte es la que más odio de todas.




5. Les dan arrebatos amorosos: justo antes de dormir se convierten en unos niños super amorosos, te llenan de besos o de abrazos (el pequeño aún no coordina el momento beso-moflete) y ya sabes que están listos para abandonar el mundo de los despiertos.

Por cierto, si aún no habéis leído mi primera novela, podéis encontrarla en la tienda a la salida del teatro.

17.7.15

Hace un par de semanas sucumbimos a la publicidad y a los gritos insistentes de la Heredera y acabamos yendo al cine a ver la peli de los Minions. Para la niña era su segunda vez pero como no las tenía todas conmigo de que fuera a portarse bien, elegimos un horario mañanero porque, inexplicablemente, es mucho más maja cuanto más temprano es y no queríamos arriesgarnos a un numerito del demonio de Tasmania.

En casa somos tan fans de los Minions que dejamos que el Herederochiquitito se disfrace de uno
Llegamos al cine con tiempo de sobra para pillar la entrada (en un sitio chachi) y las palomitas y nos dirigimos a nuestra sala. Formábamos un trío curioso: Patchboy con las bebidas, las palomitas y el asiento elevador, la Heredera saltando de alegría y yo más atrás con mis dos muletas intentando no caerme porque ya estaba la sala en penumbra. Llegamos a nuestra fila y me dice Patchboy que nuestros asientos están ocupados.

En esas situaciones tienes dos opciones: hacerte el loco y sentarte en un sitio random con la esperanza de que:
a) estén libres
b) si están ocupados los dueños de los asientos también se hagan los locos y se sienten donde les parezca en un ciclo sin fin, que lo envuelve todo.

Evidentemente, escogimos la opción macarra asertiva y mi compañero de piso indicó a los que estaban usurpando nuestros asientos que allí no podían permanecer. A esas alturas yo sí que estaba sentada en mi sitio y veo pasar por delante de mí una niña de la edad de la heredera, un bombo de tamaño considerable (que me hizo pensar en que Patchboy es un desalmado y desahució a una pobre e indefensa embarazada) y un Zarajota (tm) al grito de "Bebé-Chan, vamos a irnos a estos otros asientos que están vacíos".

Mi cerebro trataba de avisarme de que algo estaba sucediendo pero se me había pasado por alto. Fue un poco así:



Haber desalojado a una embarazada y a su familia de unos asientos chachis no me pareció suficiente, así que tuve que ir a darles la brasa presentarme.

Patch en modo fan: Oye, perdona, ¿eres Lorzagirl?
Lorzagirl odiándome un poco por haber sido desahuciada de los asientos chachis: Eeeeh, ¿quién lo pregunta?
PEMF: Mira, es que soy Patch y claro, he visto a Bebé-Chan, a Zarajota (tm) y a tu bombo y he hecho deducciones.
Zarajota alucinando un poco: ¿Y de qué conoces a esta?
LOUPPHSDDLAC: A ella no. Conozco a su madre.

Sí, creo que mi madre estará muy orgullosa de mí cuando lea todo esto.

22.6.15

Antes de nada, vaya por adelantado que este es el último post sobre el libro en una temporada que tampoco es cuestión de ir asustando a los pocos lectores que aún estáis por aquí. Sin embargo no puedo perder la ocasión de agradecer el cariño infinito que me disteis el viernes en la presentación de mi novela Responde primero a la segunda pregunta.

Para el evento conté con el marco incomparable que es el Handbox Studio y que me lo dejaron así de bonito:
Imagen vía Dompi
Pese a que me dejé el discurso que había preparado en casa, casi no dije a nadie que no fuera Esther de Handbox que estaba nerviosa y llevé con dignidad y bizarría la tarea de presentar el libro. La suerte fue que de la gente que vino al local casi todos habrían podido estar invitados a mi cumpleaños así que me sentía entre amigos.

Imagen de JJMax
Lo primero que hice fue sonrojar un poquito a Oneeyedman que me había hecho esa portada maravillosa que podéis ver en tamaño gigante sobre estas líneas. Por suerte es un buen chico y se lo tomó con filosofía.

Más o menos esta es la cara gafotas que pongo cuando firmo.
Imagen de la madrina.
Y luego me pasé el resto de la tarde firmando ejemplares, hasta tal punto que me quedé sin ninguno. Pero si queréis el vuestro, no os preocupéis porque me tienen que llegar más libros esta semana, y si los solicitáis a mi mail os los envío a vuestra casa con mi firma personal e instransferible.

17.6.15


Hoy vengo a contaros el último paso en la materialización de mi novela: la presentación, que tendrá lugar el viernes 19 de junio a las 19 horas en el Handbox Studio, que está en la Travesía Conde Duque 12, esquina con la calle Limón.  Allí nos veremos para echar unas risas, hablar de cómo llegué a crear a Ingrid y para echar unas lagrimitas si consigo emocionaros.

Si os apetece el plan me encantará veros y si encima os convenzo seré feliz de firmaros vuestros ejemplares para que presumáis de amiga bloguera escritora. ¡Ah! Y habrá cocacolas para todos y probablemente algo de picoteo, ¿qué más se puede pedir a una tarde de junio en Madrid?

Por cierto, aún podéis comprar el libro tanto en papel como en ebook en Amazon. O si queréis os puedo enviar un ejemplar firmado por 9 euros más gastos de envío si me ponéis un mail.
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